Hemos llegado a la conclusión de esta historia que me ayudó a ejemplificar el segundo punto de mi problema con el amor romántico:
2. No creo en el amor romántico porque yo ya he experimentado con él y puedo decir que es peligroso, se siente como andar al borde de un balcón a varios metros de altura, puede que te eleve en los puntos más buenos, cuando la relación va bien, pero cuando no, te tira de un empujón y la caída se siente como si hubiera sido a varios metros del suelo.
Me encantaría decir que el final de la historia llegó con el que les narré en el último post, pero lo cierto es que tardó años en llegar. Aun hoy soy consciente de que no puedo ser amiga de Marc, se lo he repetido un sinnúmero de veces en distintas ocasiones en las que ha vuelto a intentar acercarse a mi, especialmente cuando me encuentra en una relación estable con alguien.
Por él dejé de salir con mis amigos de la universidad porque siempre que nos íbamos de fiesta algo terminaba pasando entre los dos, Marc siempre se aseguraba de alejarme de cualquier otro hombre que se me acercara y de nuevo, mediante sutilezas, intentaba rozar mis manos. A veces se lo permitía, abriendo de nuevo mi herida y a veces recordaba que era mejor no jugar con fuego.
En una ocasión terminamos la fiesta saliendo Anthony, Gwen, él y yo, jugando los cuatro en un parque, estuvimos toda la noche en vela y cuando amanecía me llevó caminando a casa. En ese entonces yo estaba saliendo con alguien con el que creí que podría sacármelo de la cabeza (y del corazón). Durante el trayecto a casa, Marc empezó a preguntarme por mi pareja de aquel entonces, quería saber si era verdaderamente feliz o si al menos había experimentado con esa persona la misma sensación y química que con él, no respondí, tan solo me limité a decirle que era diferente y que ambas relaciones no se podían comparar, al llegar a la esquina de mi casa nos despedimos.
Lo abracé para evitar besar su mejilla, pues ya estaba empezando a dudar de mi misma. Cuando intenté alejarlo, Marc tensó sus brazos y apretó su mano contra mi espalda, evitando que pudiera despegar mi cuerpo del suyo, yo tampoco quería dejarlo de abrazar. Estuvimos así durante al menos 5 minutos, la sensación que me recorría era la de una nostalgia infinita. Eventualmente tuve que alejarme de él, en ese instante, evité levantar la vista porque sabía que podría caer en la tentación de besarlo y me fui sin palabras antes de que pudiera empezar a llorar.
En otra ocasión vino con mis amigos de la Universidad a mi casa, estuvimos jugando y de repente empezamos a tomar, Marc se sentó a mi lado y sin darme cuenta cómo, terminé agarrando su mano. Jugamos mímica esa noche por parejas, Marc y yo éramos una en el juego, fue increíble sentir que todo lo que hacía yo podía adivinarlo de inmediato, podía anticipar incluso sus movimientos y hasta leer en sus ojos lo que estaba tratando de decirme sin hablar. Obviamente ganamos el juego, pero esa noche también perdimos.
Llevábamos al menos 3 o 4 años sin volvernos a acostar, pero esa noche, con la euforia, el alcohol, nuestro desborde de química presente, terminamos nuevamente acostándonos. Lo peor de esto vino después, cuando al segundo siguiente de haber estado juntos Marc empezó un monologo interminable de arrepentimientos, me confesó que estaba en una relación estable, que nunca le había puesto los cuernos a su actual pareja hasta ese momento, que se lamentaba por lo que había acabado de pasar conmigo. Yo aguante en silencio, mientras en mi mente comenzaba a sentirme como la peor basura del mundo, finalmente, pese a intentar no serlo, me había convertido en la otra mujer.
Después de eso no volvimos a vernos durante un buen tiempo, en parte porque esa noche algo dentro de mi se esfumó, una de las pequeñas llamas que aun me ataban a él se consumó.
Finalmente obtuve mi venganza. Una noche salí de nuevo con Anthony, Marc y un amigo al que llamaremos Enrique, quien por cierto fue la persona que me escribió al poco tiempo de terminar la primera vez con Marc. Estuvieron tomando toda la noche, yo intentaba no hacerlo pues sabía que Anthony y Enrique podían irse en cualquier momento. Terminamos los cuatro en la habitación de Marc, como Enrique había bebido de más, Anthony se ofreció a llevarlo a casa, le pedí a Marc que me ayudará a pedir un transporte, pues mi celular había agotado su ultima rayita de batería. Marc me pidió que antes me recostara junto él, pensé "no voy a volver a caer en este juego" y nuevamente le pedí que me pidiera el taxi. Me aseguró que ya lo había pedido y como no me quería acostar junto a él me senté en la silla de su escritorio. Con esa sutileza que lo caracteriza, me dijo que pondría música mientras esperábamos y buscó rápidamente esta canción en YouTube:
https://www.youtube.com/watch?v=WQnAxOQxQIU
Nos quedamos escuchándola en silencio durante unos minutos, hasta que le pregunté por dónde iba el taxi, me respondió que aun no lo había pedido y nuevamente le pedí que me dejara ir. Finalmente lo hizo y salí de allí sintiéndome victoriosa, pues fue la primera vez que no sentí que él fuera irresistible.
La ultima vez que hablamos de lo nuestro fue unos meses después de casarme. Por supuesto él nunca recibió la invitación, pero sabía lo que había ocurrido porque algunos de mis amigos habían participado del evento.
Nos reunimos para celebrar el cumpleaños de Fey, llegamos junto a mi esposo un poco tarde, saludamos a la mayoría, pero a él lo evité por completo. Mi esposo se fue en un momento al baño y de inmediato vi, con el rabillo del ojo cómo Marc se acercaba de manera directa a mi, me saludó y acto seguido sostuvo mi mano para examinar el anillo, preguntándome por qué no lo había invitado a la boda. Estuvimos hablando un rato, al llegar mi esposo se alejó, pero así estuvo yendo y viniendo cada vez que mi esposo se ausentaba esa noche. Tomé mucho durante la fiesta y me terminé sintiendo mareada al poco tiempo, recuerdo que en alguna de esas conversaciones con Marc me empezó a preguntar cómo me sentía en esta nueva relación en la que estaba. Empecé a contarle lo feliz que me encontraba y el excelente hombre que era mi esposo, pero Marc me interrumpió para preguntarme lo que más le interesaba "¿te hace sentir como yo te hacia sentir?". En vez de responderle le pregunté el por qué de su insistencia con la misma pregunta de siempre.
En ese momento, me confesó que pese a que él había estado saliendo con diferentes mujeres durante todos estos años y que incluso, pese a que la mujer con la que estaba actualmente era maravillosa, él nunca llegó a sentirse con ninguna como se sintió conmigo. La química nunca fue la misma y lo entendí perfectamente, pero a diferencia de él yo había aprendido que esa química no era lo fundamental en una relación, ni tampoco había sido suficiente para los dos. intenté hacerlo entrar en razón, pero rápidamente comprendí que mis palabras caían en oídos sordos, así que me rendí y decidí no volver a ponerme en esa posición con él, pues mi esposo es ahora el hombre más importante para mi en esta historia.
Termino esta narración con una sensación que no creí que llegaría a tener tras acabarla. Es una sensación de tranquilidad que durante mis más de 7 años que duré tratando de superar a Marc no sentí, pues habían cabos que no me hacían comprender el por qué no podíamos estar juntos pese a tener tanta química y pasión. Luego de todo el análisis que hice durante años, comprendí que nuestra historia inconclusa era una que podía narrase en las películas o era de las que podía sonar en canciones sobre el amor romántico, pues al final era solo una historia de ficción.
En la realidad, Marc y yo nunca fuimos compatibles, salvo en la cama, en donde lo fuimos a un 101%, él nunca sintió que podría ofrecerme una relación estable, más que todo porque intentó una y otra vez no dármela. Es posible que su ineptitud se diera por miedo, el miedo de un hombre que siempre se ha considerado así mismo como el más apto e importante en el mundo, pero que tras esa fachada de seguridad no es más que un niño pequeño, que no sabe comportarse en sus relaciones y que tiene mucho miedo de ser herido.
Durante cada una de las veces que terminamos yo soporté esa herida por los dos, lloré por los dos, me dolió el pecho un millón de veces por los dos, me alejé de mis amigos por los dos y finalmente, cuando dejé de pensar en los dos y me concentré en curarme únicamente a mi, Marc tuvo que empezar a lidiar con el problema solo y yo conocí al hombre que me demostraría que existen muchas maneras de amar, pese a que las películas, las novelas, las canciones nos intenten vender un único tipo de amor.
Finalmente me siento ampliamente victoriosa, ya no siento miedo de dejar cabos sueltos o puertas a medio cerrar, ese barco ya zarpó y luego de estos baches, por fin puedo narrar la historia de mi mejor amor, del hombre que me cambió la vida y sobre el que deberían escribir canciones de verdadero amor, pero de eso ya hablaré mañana.
¡Hasta entonces!
Comentarios
Publicar un comentario