Este es el comienzo del final (como diría Bunbury) de la historia que me ha llevado tres partes pero de la cual no había querido hablar desde hace muchos años, es como un terapia para mi poder hacer esto después de tanto tiempo sin el sentimiento que me invadía antes, de desesperanza, de tristeza, de miedo.
Ya llevábamos varios meses de relación con mi vecino y aunque sentía que habían días donde avanzábamos porque durábamos el día completo sin pelear o sin que él me abofeteara cuando teníamos relaciones, habían otros donde sentía que regresábamos al inicio pues las peleas siempre eran iguales, aunque en mi cabeza sentía como una victoria el hecho de que ahora él reconocía sus errores cuando los cometía y regresaba a mi a pedirme excusas cuando ocurría, en pro de salvar la relación. Pensé que esto significaba que no estaba remando sola.
Mis padres tampoco ayudaban pues lo querían como a un hijo y me motivaban a seguirlo perdonando, aunque ellos mismos a veces eran conscientes de que algo de lo que sucedía en nuestra relación no era normal. Sin embargo, solían justificarme cada acto de él con la excusa de que era solo un niño, pese a ser un par de años mayor que yo, que quien debía ser la mayor era yo.
Una noche estábamos en mi casa y sus amigos lo invitaron a salir, como yo ya había intentado asistir a ese plan en algún momento y no me sentí cómoda con ninguno de sus amigos, ni de sus gustos, le animé a ir sin mi. Poco convencido se fue, antes de salir me recomendó cuidar de su portátil, así lo hice y no había pasado por mi cabeza la intensión de revisar nada allí, pero antes de irme a dormir, quise revisar mis redes sociales y lo más cómodo que se me ocurrió hacer fue prender su computador y escribir Facebook en el buscador, sin darme cuenta que su perfil se encontraba habilitado, cuando caí en esto lo intenté cerrar pero en ese momento alguien le escribió, se trataba de una chica y la conversación era algo como "Hola bebé, ¿me extrañaste?", empecé a leer y no podía creer lo que veían mis ojos. De repente mi humor cambió y se me activó el detective que hay en mi, sin pensarlo activé su histórico y me di cuenta que todo el día, durante todas las horas en las que no estábamos juntos, él se dedicaba a hablar con otras chicas a través de perfiles en otras redes sociales, las conversaciones solían ser de carácter sexual o derivar en eso, cuando no se encontraba en redes abría un millón de páginas pornográficas, ¡jamás había visto tanta pornografía junta!
Ya sé lo que algunos hombres pueden llegar a pensar o decir "querida, ¿no nos conoces?" y la verdad es que pienso que si, de hecho, para aquellos hombres que creen que las mujeres no miramos pornografía les envío mi más sincera cara de lastima. La pornografía hace parte de nuestras vidas, lo sé, el mundo está llena de ella incluso en aquellas cosas que pensamos que no pueden ser pornográficas, como la publicidad, pero lo son porque atraen a toda clase de publico. Sin embargo, quiero aclarar que lo que yo vi en esa laptop fue un millar de páginas visitadas en menos de 24 horas, en cada segundo, minuto y hora en donde mi vecino debería estar enviando hojas de vida o revisando sus aptitudes y desarrollándolas, él se encontraba visitando páginas de pornografía, cientos y miles. Para ejemplificar aun más a lo que voy, los invito a verse una película llamada Don Jon (dejo por acá el link del tráiler por si se animan a verla: https://www.youtube.com/watch?v=ttSNSsH44uY), la había visto un año antes de que esto ocurriera y por ende, en ese momento entendí qué le ocurría a mi vecino.
Entendí por qué cuando teníamos relaciones él se desconectaba, por qué nunca llegaba conmigo, por qué yo me sentía poco deseada en ese acto, por qué pese a que lo intentaba él sentía la necesidad de ser violento conmigo; su adicción era esa actividad, revisar millones de páginas pornográficas en un solo día, durante todos los días de la semana, lo había hecho ser cada vez más insensible al acto y cada vez necesitaba más emociones fuertes pues la única manera de poder llegar al clímax era a través de la pornografía, ya un ser humano frente a él no era suficiente. Estoy segura de que este problema no aqueja a muy pocos hombres y mujeres en el mundo y me gustaría que, si alguno de los que por casualidad llegó aquí, determina que puede estar viviendo una situación similar, que pida ayuda, es posible recuperarse de las adicciones y volver a gozar de una vida sexual plena.
En fin, que después de ese día una de las cadenas que me había ayudado a atar a él se rompió y yo ya estaba lista a terminarlo todo. Extrañamente me sentía en paz.
Me cité con él en mi casa, le invité a sentarse, le entregué el computador y le expliqué, con una amabilidad que no correspondía con la situación, lo que había ocurrido, la conclusión a la que había llegado, que tenía una adicción y que yo no quería, ni podía seguir acompañándolo más. Para mi sorpresa él no se movió, estuvo sentado, en silencio, un momento y sin aviso comenzó a llorar (¡yo nunca lo había visto llorar!). Eso me descolocó. No entendía qué había ocurrido, pues yo me había comportado como toda una mujer tranquila, serena y resuelta a terminar una relación de la mejor manera.
Empecé a sentirme mala de verlo llorar, ya que lo hacía con todas las ganas, como un bebé, y lo empecé a consolar, le pregunté qué le ocurría y él solo alcanzó a decirme entre su llanto que lo lamentaba, que sabía que tenía una adicción, que era la primera vez que lo decía en voz alta y que no sabía cómo salir de este problema. La cuidadora que había en mi decidió en ese momento perdonarlo, no era posible que estuviera pensando en terminar con alguien que quería cambiar, lo consolé y luego le indiqué que íbamos a salir de este problema juntos, que íbamos a buscar ayuda. Lamentablemente esto nunca ocurrió.
Luego de ese día volvimos a nuestra rutina, aunque yo tenía un propósito, pero cada vez que se lo mencionaba, cada vez que incluso lo invitaba a hablar conmigo sobre el tema él se enojaba y me insultaba. Me fui desgastando poco a poco y en mis silencios me fui separando de él, ya mi corazón y mi cariño no podían más, además la admiración que pienso que debería siempre existir en una relación, comenzó a resquebrajarse, él ya no era para mi digno de admirar. No tanto por su adicción, sino por su falta de voluntad para cambiar y ser mejor.
Decidimos irnos de viaje juntos a otro país a visitar a unos familiares (gravísimo error), fue como salir de viaje con un niño pequeño, se enojó desde el minuto 0, que porque yo no le había hecho las maletas, que porque mi familiar (quien era el encargado de recogernos en el aeropuerto) se retrasó, que porque yo no quería prestarle mis cosas o mi dinero, que porque si, que porque no. Yo para ese entonces ya estaba cansada y aguanté hasta donde pude, hasta poder regresar a mi casa, cerrar la puerta y volver a sentirme tranquila. Decidí que ya no podía más, ya no había más amor para él dentro de mi corazón. Una vez más terminé con él.
Afortunadamente, Dios o la vida o como lo quieran llamar, es grande y dispuso que yo ya no acabara de nuevo en esa relación de modo que mientras estuvimos distanciados con mi vecino ocurrieron dos grandes cosas: 1. Me robaron el celular, por lo que duré una semana sin contacto con el mundo y sin apenas revisar redes sociales y 2. Conocí a alguien. Para mi lo segundo era ya típico, pero para ese entonces yo ya no quería entrar en ninguna relación, me sentía totalmente agotada de lo mismo.
De lo segundo, quiero hablar en otro momento. Por ahora, solo diré que muy a mi fortuna pude alejarme por completo de la idea de tener que continuar en una relación que estaba acabando conmigo, por esa misma fortuna, tuve la fuerza para decirle que NO a mi vecino cuando volvió a aparecer, igualmente, pude empezar a confiar de nuevo en mi y en los demás, pude encontrar el ánimo necesario para cerrar redes sociales y la excusa para no volver a abrirlas de nuevo, pues al decirle por ultima vez NO a mi vecino, este se empezó a comportar de manera errática. En un primer momento, después de que pude obtener un nuevo móvil, comenzó a llamarme desesperadamente para que nos volviéramos a ver, se resistió al hecho de que yo ya estuviera saliendo con alguien más (de esto se enteró gracias a mi familia, pues yo no quería que supiera nada), luego me envió una canción expresándome cuánto me extrañaba y por ultimo, se emborrachó frente a mi ventana con sus amigos, gritándome "$3rr4 hij*3$*t4" a las 4 de la mañana.
Empecé a temerle y deseé nunca haberlo aceptado en mi vida, el gimnasio para mi se convirtió en una zona de peligro pues todos allí lo conocían y él solía ir seguido, ya no quería que supiera nada de mi por lo que pude cerrar redes sociales y dedicarme todo ese tiempo solo a mi, además él es aun la fuerza que me impulsa a evitar volver abrirlas, pues cuando veo noticias de mujeres a las que desgraciadamente sus exparejas les han arrojado acido en la cara, siento que él podría hacer algo así si pudiera y supiera donde estoy o lo que hago ahora (Dios quiera que esté totalmente equivocada).
En conclusión, volví a amarme de verdad o empecé a hacerlo por primera vez, empecé a identificar esas pequeñas cosas que no me habían funcionado en relaciones pasadas, como la autocensura y el no lograr poner en palabras mi enojo cuando algo no me gustaba, empecé a trabajar en mi comunicación asertiva y en mi seguridad, empecé a escalar el muro de la autocompasión y la soledad, sin darme cuenta, poco a poco fui saliendo de allí, fui viendo mi vida desde un espectro mucho más positivo, fui alejándome de todo aquello que alguna vez me había hecho daño y siendo más consiente de lo que quería lograr en mi vida.
Gracias a esa mala (muy mala) experiencia, hoy puedo decir que no creo en el amor romántico como el amor que todo lo puede, creo en el amor propio, ese que te impulsa a encontrar la salida a los problemas o que te ayuda a superarlos con toda la energía y buen ánimo, creo en el amor propio como aquel que te ayuda a encontrar a mejores personas para tu vida, personas que al igual que tu también se aman mucho a si mismas, que te aleja de todo aquello que perturba tu paz y que te permite ver las situaciones desde una óptica objetiva, para siempre poder llegar a la mejor conclusión o a tomar el mejor camino y las riendas de tu vida.
Gracias a Dios por esa experiencia pues me condujo a algo mejor, a poder amarme a mi como nadie hasta el momento me había amado y a conocerlo a él...pero de él ya hablaré en otra historia.
¡Hasta entonces!
Comentarios
Publicar un comentario