Bueno, bueno, hoy vengo con la segunda parte de mi historia, que me ha ayudará a terminar de ejemplificar mi primer punto sobre el amor romántico:
1. No veo sano al amor romántico bajo la concepción de “es el amor que todo lo puede”, simplemente porque no creo que cuando amas a alguien debas olvidarte de que el primer amor de tu vida eres tu misma (o tu mismo).
Ya había pasado un año desde la ultima vez que había visto a mi vecino, él nunca regresó a disculparse así que yo decidí no perdonarlo y seguir con mi vida, conocí otras personas, amplié mi circulo social y olvidé en ese año todo lo que me había ocurrido con él, por lo que, cuando recibí un mensaje de Facebook de él solicitándome que lo aceptara y preguntándome cómo estaba, mi primer instinto fue responderle como si nada hubiera ocurrido. En la conversación que abrió él se disculpó y me pidió que volviéramos a vernos, me invitó a ir por una cerveza y accedí.
Nos vimos y me sentí como antes cuando todo marchaba bien, él era mi amigo de nuevo, estaba interesado en saber de mi vida, así que le conté que para ese entonces estaba saliendo con un hombre 15 años mayor que yo y separado, no era algo muy serio, a penas estaba empezando pero él ya me había presentado a sus dos hijos (si, lo sé, yo soy una especie de gurú de estas relaciones extrañas😕), él me contó que estaba solo, que había estado reflexionando sobre su vida hasta concluir que la manera en la que habíamos terminado nuestra amistad había sido muy extraña y quería poder retomar nuestra vieja relación.
Agradecí mucho que apareciera de nuevo pues había olvidado lo bien que me la pasaba con él cuando todo iba bien y desde ese momento volvimos a ser amigos, 100% amigos. Para mi era perfecto, pues el único punto que consideraba que no funcionaba en nuestra relación era el sexo. Ciega de mi, jamás asocié que todo lo que él estaba intentando hacer era justamente regresar a esto y a su rutina de relación tóxica que yo aun no catalogaba como tal, pese a todo lo ocurrido en el pasado.
Un día me convenció de empezar a ir con él al gimnasio, teníamos la suerte de tenerlo a muy pocos metros de nuestras viviendas así que le seguí el juego y empezamos a ir juntos, como amigos, luego de salir del gimnasio regresábamos a mi casa, él desayunaba y se iba. En algún punto de esta nueva rutina terminé mi relación extraña con el hombre separado y me empecé a sentir sola de nuevo (tengo que reflexionar sobre este punto pues durante mucho tiempo estuve buscando la estabilidad con alguien, pero mis relaciones no duraban mucho tiempo, en gran medida porque siempre había algo en cada una que no me convencía, aun así el problema era yo y mi necesidad de no sentirme sola, de sentir que necesitaba a alguien para amar, sin reconocer que debía empezar por mi misma).
Días después la rutina del gimnasio cambió y después de desayunar decidí tomar una siesta, para ese entonces tenía la libertad de hacerlo pues mi trabajo era de medio tiempo e iniciaba en la tarde, dándome tiempo suficiente para ir al gimnasio, desayunar, tomar una siesta, bañarme, arreglarme y salir. Él, mi vecino, decidió que quería dormir también y se tumbó junto a mi. Empezamos así, luego, días después, mientras tomaba la siesta me abrazó, la sensación me gustó mucho y pensé "¿y si en vez de sex buddies somos amigos de siesta? ¡sería fabuloso!" (otra vez, la tonta que era yo pensaba que se podía llegar a tener una relación así, que no involucrara sexo. Error). Empezamos a dormir abrazados y nuestra rutina habrá durado una semana. A la semana siguiente él ya tenía otras ideas y yo volví a acceder a tener relaciones pues pensaba que ya había llegado a un punto de no retorno con él.
Esta vez, tener relaciones no era tan horrible como antes, él había entendido que yo no era fan del masoquismo e intentaba (a veces se le olvidaba) no ser tan violento conmigo, así que empecé a disfrutar un poco más el tema, aunque siempre era lo mismo al final, él no podía terminar conmigo, siempre terminaba con su propia ayuda, de hecho, aunque las relaciones ya no estaban tan mal yo siempre me sentía sola en esta actividad, era como si él se desconectara del acto y se fuera a millones de años luz de distancia, se notaba y era extraño, me sentía poco necesitada o deseada en el acto pues él no estaba ahí. Aun así, entre eso y nada, yo prefería al menos tener otra vez a mi "amigo" que estar sola de nuevo.
Sin darme cuenta fui entrando a una relación con él y era una relación cada vez más extraña pues él me contaba sobre una chica que estaba conociendo y que le gustaba bastante, yo lo animaba con ella, pero cuando la necesidad nos invadía volvíamos a tener relaciones, para mi no había problema en que anduviera con las dos, yo solo lo quería como amigo y tener relaciones con él para mi era una especie de precio a pagar por su amistad. Un día consiguió trabajo fuera de la ciudad y tenía dudas de querer trasladarse pues eso implicaba tener que empezar una relación a distancia con ella, en ese punto, también lo animé pues para mi era más importante su crecimiento personal y sabía que él podría seguir su relación a distancia, además, me interesaba mucho que la distancia nos impidiera seguir teniendo relaciones. Sabía que eventualmente esto nos podía perjudicar la amistad que estábamos formando de nuevo.
Lamentablemente mi plan no salió como esperaba, la distancia hizo que entre nosotros se forzara una relación aun más fuerte que la primera vez, nos escribíamos todo el tiempo, mientras que la relación que tenía con la otra chica se fue rompiendo poco a poco, él terminó renunciando y regresando a la ciudad. Para cuando esto pasó ya no tenía ninguna otra relación salvo la que tenía conmigo y yo ya no me sentía igual que antes con él, de repente se formó en mi un sentimiento, empecé a sentir que lo extrañaba, que lo necesitaba y que tal vez podríamos hacerlo funcionar, esta vez mejor que la anterior.
En el minuto en el que volvimos a nuestro...no sé cómo llamarlo, a nuestro tema, él volvió a ser el mismo patán de antes, en el minuto en el que él se dio cuenta que ya yo era del todo suya, él se volvió a poner en la cima de la relación y con mini insultos que luego fui identificando, me fue haciendo sentir inferior a él otra vez, pero ahora estas micro discriminaciones si me dolían, que porque no era tan bonita como la otra chica con la que había tenido su corta relación, que porque sus amigos se lo decían todo el tiempo, tan poco era tan inteligente, ni apta para ser su novia. Cada vez que ocurría algo así discutíamos o cuando no le quería llevar la razón, como cuando no quería cocinar para él o quedarme en casa solo con él, tener relaciones o prestarle dinero, etc.
Lo bueno de todo esto es que el gimnasio me servía para quemar mi enojo, cada vez que discutíamos me iba y entrenaba por mi cuenta, así que se podrán imaginar cómo terminé de ejercitada luego de salir de nuevo de esa relación.
Continuamos en esta rutina hasta que, un día, descubrí el mayor de sus secretos...
No esperaba que esta historia me llevara a tres partes, pero bueno, aun queda un poquito de tela por cortar y se viene la mejor (o más bien, la peor) parte.
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