Para empezar este nuevo post voy a tomar como referencia mi primer punto del escrito anterior sobre el amor romántico:
1. No veo sano al amor romántico bajo la concepción de “es el amor que todo lo puede”, simplemente porque no creo que cuando amas a alguien debas olvidarte de que el primer amor de tu vida eres tu misma (o tu mismo).
Para esto, voy a tener que contarles una historia personal que he deseado olvidar y que incluso he estado ignorando para no recordarla en estos últimos 5 años, curiosamente, no se trata de un amor romántico pero me ayuda a ejemplificar mi punto.
Cuando tenía una veintena de años (ya no recuerdo de cuantos estaba, pero ya estaba saliendo de la Universidad) empecé a juntarme con un vecino que conocían mis papás y tenía más o menos mi edad. En ese momento estaba o terminando la Universidad o esperando el grado (pido disculpas porque mi memoria ha decidido borrar algunas secuencias de mis años pasados que para mi no tenían significativa importancia) y empezamos a vernos, a coincidir en salidas o cuando yo no quería pasármela mal en alguna reunión social, así que le pedía que me acompañara pues me divertía junto a él. Él tenía la facilidad que yo no de caer bien en cualquier momento y situación, era un experto de las relaciones sociales, alegraba los momentos, incluso los mas incomodos.
En mi mente él era solo mi amigo, nunca sentí esa atracción que sentía por cualquier otra persona con la que empezaba a salir seguido y para mi esto era perfecto así, estaba cansada de salir con todo el mundo y de entrar a cuanta relación romántica me invitaban, además, estaba tratando de olvidar a alguien que había sido muy especial para mi.
Lamentablemente, las intenciones de mi amigo eran diferentes, de modo que me seguía insistiendo en que fuéramos a su casa a cocinar, a estudiar, a...cualquier plan aburrido que hubiera. Yo desconocía por completo el engaño, supongo que estaba más ocupada de otros temas en aquel momento y por eso no desconfié finalmente en ir una vez a estudiar con él. Cuando estábamos en su casa estudiando me invitó a conocer su cuarto, luego terminamos en su cama (aviso parental, por favor vigilen lo que quieren que sus hijos sepan de esta historia) y de repente me estaba haciendo un masaje en la espalda y si, hasta ahí caí en cuenta del engaño, en un momento terminamos teniendo relaciones, yo pensaba "bueno, a lo mejor podemos ser esa clase de amigos sin problemas en estar juntos como sexbuddies y podemos pasar el rato así" - Grave error.
En medio del momento que estábamos pasando y cuando más estábamos llegando a un buen punto, sucedió algo que NUNCA EN LA VIDA me había ocurrido, ni me volverá a ocurrir, él, mi vecino, la persona en la que más confiaba en ese momento y con la que disfrutaba pasar el rato, me abofeteó con toda su fuerza en la cara. Me descoloqué por completo y como si se tratará de un impulso, comencé a llorar con ganas. Él, puso una cara de confusión absoluta, supongo que en su mundo de "50 sombras de Grey" yo era la primera mujer que reaccionaba de esta manera y me comentó entre risas "no te pongas así, la estamos pasando bien". La estaría pasando bien él, pero yo ya quería terminar con todo. Por idiota y por vivir en una cultura donde llorar se considera un acto por el cual debes disculparte comencé a pedir excusas por ponerme así y permití que termináramos solo por no dañarle su buen rato. Pues bien, el momento de terminar nunca llegó para él, que además tuvo que hacerlo con autoayuda.
Después de eso volvió a buscarme y yo intenté darle una segunda oportunidad (¡error!), diferente inicio, mismo final, así que decidí que ya no quería que fuera mi sexbudy, comencé a sacar excusas para hacerlo y mientras no lo tuviéramos que hacer sentía que éramos amigos de verdad, sin embargo, él empezó a mostrarse un poco ambivalente a veces tenía muy buena actitud, era amable, me hacia reír, pero otras veces me acusaba de no ser tan bonita como otras de sus antiguas novias (no éramos y afortunadamente, nunca fuimos novios), se enojaba conmigo por no pasar el tiempo solo con él, cuando yo necesitaba un favor de él nunca me lo hacía y siempre intentaba convencerme de solo permanecer con él en su casa, sin salir, ni nada y si salíamos, quien debía hacer todo el esfuerzo económico y personal era yo. De hecho, una vez fuimos al cine y quien compró y llevó nuestras crispetas al interior de la sala fui yo (se que esto suena muy machista, se que las mujeres podemos comprar y llevar nuestras propias crispetas en el cine y no necesitamos la ayuda del hombre, sin embargo, considero que hay cuestiones que son de pura amabilidad y cariño, que no deberían perderse pues son como un toque especial en las relaciones entre hombres y mujeres, como sostener su cabeza y pasar tus dedos de mujer por el cabello de él mientras miran una película, para mi, el que él me lleve la comida o las bolsas del mercado, porque para él es lo más natural, hace parte de estos actos de amabilidad y mutuo cariño que no deberían olvidarse en discursos de igualdad).
Un día, mientras pasábamos el rato en su casa, él, viendo un partido de futbol, yo, texteando en mi celular, se enojó, fue tan extraño para mi porque en un momento estábamos bien y al siguiente él daba vueltas por su comedor diciéndome lo terrible que era y cuán grosera me estaba comportando al no darle la atención que él merecía. Con cada vuelta que le daba a la mesa de su comedor, más se enojaba conmigo, terminó acusándome de estar hablando con un amigo mío del cual le había hablado solo una vez y que él no conocía. Finalmente, entre gritos, me echó de su casa. Yo no lo podía creer, pensé que era una broma. Ese día, salí por la puerta dispuesta a no regresar.
Días después el que regresó fue él, me pidió disculpas y me dijo que lo perdonara, que no sabía lo que le había ocurrido. Como ya han podido leer para ese entonces yo era lo que definiría como una tonta y obviamente lo perdoné. Volvimos a la rutina, yo ponía el 90% del esfuerzo para que todo funcionara en mi plan de no perder a un buen amigo y él a veces ponía su 10%.
Un día, mientras pasábamos tiempo en su casa, empezamos a jugar y yo decidí besarle el oído (¡grave error!), me empujó con fuerza y caí del sofá con confusión. Nuevamente, estaba en una situación de la que no entendía nada. Una vez más se enojó conmigo y justificó su acto como un auto reflejo que utilizaba para salvarse en situaciones así. Esta vez, la enojada era yo. Tomé mis cosas y salí por la puerta para no volver nunca más.
Me encantaría poder terminar esta historia aquí, diciendo que jamás volví a saber de él y que de allí en adelante fui feliz, pero ustedes saben que la vida no es así y que cuando algo de lo que te sucede no te enseña, la vida vuelve a ponerte nuevamente en situaciones similares hasta que aprendas. Pero bueno, hasta hoy esto es lo que quiero contar. Mañana intentaré publicar la segunda parte de esta terrible historia que demuestra o ejemplifica que a veces en la vida hay cosas que no podemos dejar pasar solo por amor, a veces el amor no alcanza y menos cuando te olvidas de amarte primero a ti antes de poder a amar a alguien más.
¡Hasta entonces!
Comentarios
Publicar un comentario