Antes que nada, lamento mucho incumplir mi resolución de año nuevo de volver a escribir todos los días del año, ayer era domingo y mi chip mental se desconfiguró, pero bueno, acá vamos de nuevo.
Quiero contarles mi historia para todos aquellos que han empezado a cuestionar el por qué deben o no continuar con sus redes sociales y es que estoy segura que más de una vez alguno de ustedes se lo ha pensado, ¿vale la pena invertir (gastar) tantas horas de mi día revisando mi perfil y el de mi millar de contactos?, ¿por qué debería desligarme de algo que me acerca al mundo?, ¿qué voy a hacer cuando ya no conozca en qué andan los demás?, ¿seré capaz de resistirme a salir de la manada?
Las preguntas no son para menos, en el post anterior resaltaba que las redes sociales han predicado ser una fuente de apoyo para conectar personas al rededor del mundo y por un lado, cumplen su propósito, jamás hubiera sabido que existen tantas opiniones sobre un solo tema de no haber sido por estar navegando en esa amplia red de personas que quieren ser escuchadas y exponer su punto de vista en aproximadamente 150 caracteres. Me hubiera tardado mucho tiempo animándome a probar nuevas experiencias sino hubiera podido conocer y leer la opinión de muchísimas personas que las han probado y las recomiendan por redes. Incluso hubiera olvidado todos los cumpleaños de mis personas importantes si no hubiera tenido ese fiel recordatorio que me enviaba Facebook en cada fecha especial.
La cuestión es que lamentablemente, como todo en la vida, las redes sociales tienen dos caras. Si bien por un lado te invitan a conocer a más personas y estar en comunicación o al menos en relación con ellas a través de una pantalla, también empiezan desde el minuto cero a manipularte con likes, corazones, notificaciones, manitas arriba y abajo. Se trata de un tema que empieza de manera sutil y te lleva a empezar a revisar el celular cada vez que vibra o suena cuando alguien sube alguna nueva foto o historia, cuando tu perfil lo han visitado X numero de personas, cuando tu foto ha sido valorada positivamente por un numero significativo de usuarios.
Finalmente, terminas exponiéndole al mundo tu vida entera y esto puede que no parezca malo de inicio, a fin de cuentas qué hay de malo en ser popular o un ejemplo a seguir para otros, pero para mi esto se constituyó en una base para evidenciar un problema de fondo y es el sentimiento que se generaba en mi luego de comparar mis fotos y mi vida con las de de los demás. Aceptémoslo este sentimiento es compartido y en algún momento todos lo hemos tenido y puede traducirse como: No estamos haciendo lo suficiente para llegar a alcanzar los objetivos que otros se han marcado.
Ver una publicación de alguien que se casaba, para mi, era un recordatorio de mi falta de habilidad para conseguir una pareja estable, que alguien quedara embarazada, me recordaba las ganas que siempre he tenido de ser mamá y lo rápido que se me estaba escapando la oportunidad, ver que alguien compartía las fotos de sus ultimas vacaciones en una playa de un país recóndito, me hacía pensar que no estaba ganando lo suficiente y que nunca iba a poder aspirar a esa vida idílica y así con diferentes situaciones, era un sentimiento de desesperanza, de no poder avanzar al mismo ritmo que los demás, de sentir que en esta rueda me estaban pasando de largos muchísimas personas.
Cuando me di cuenta, estaba revisando mis redes sociales durante muchísimo tiempo de mi día, pasaba más horas haciendo esto que prestando atención a mi propia vida o trabajando en mi para lograr mis propias metas. Empecé a cuestionar si todas las metas de los demás también eran mías, por ejemplo, el ver que alguien se hacía un tatuaje me hacía pensar por qué yo no me hacía uno también y en ese momento descubría cómo me habían estado lavando el cerebro, haciéndome pensar que yo quería hacerme algo así en mi cuerpo, cuando en realidad nunca lo he aspirado, ni me interesaba hacerlo (quiero aclarar que este es solo un ejemplo y que los tatuajes me resultan muy lindos de ver pero en otras personas, hasta el momento no ha llegado a mi la necesidad de plasmarme nada permanente en mi cuerpo) y puede que en algún momento llegue a mi esa necesidad, pero por lo pronto no la tengo y eso está bien.
Cuando lo descubrí, cuando me cansé de trabajar para Mark, regalándole mis datos personales para que él los vendiera por publicidad de su red, llegué a varias conclusiones:
1. No tengo que aspirar a todo lo que los demás aspiren a hacer en su vida.
2. En mi vida yo soy la encargada de lograr mis metas en el tiempo que considere adecuado (no en el tiempo de los demás).
3. Mis logros solo deberían ser importantes para mi, yo soy la única que puede marcar cuán importantes son comparándolos con otros de mis anteriores logros, no con los logros de los demás.
4. Debo enfocar mi energía y tiempo en llegar a alcanzar las metas que me proponga, no en estar revisando las de alguien más.
5. No voy a regalarle mi vida a nadie para hacerlo más rico sin obtener nada a cambio.
Fue así como decidí en un solo día cerrar todas mis redes sociales y empezar a trabajar para mi misma.
Ahora bien, debo aceptar que el camino no siempre ha sido fácil, el pensamiento de volver a conectar a veces es muy fuerte, al principio, pensé que iba a decaer rápidamente y que en menos de un mes volvería, al menos eso fue lo que muchos de mis conocidos, familiares y amigos, pensaron. Cuando se dieron cuenta de que no decaí, algunos intentaron seguirme, pero en ese momento yo contaba con una fuente de motivación adicional, pero bueno, esta historia la contaré en un próximo post.
Una ultima nota, para todos aquellos que estén pensando abandonar las redes sociales, quiero dejarles los siguientes tips por si toman la decisión final:
1. No te lo pienses y ciérralas todas de un tirón, esto será como quitarte una curita, debe ser rápido para que el dolor no te haga arrepentirte.
2. Has una lista de las cosas que quieres lograr a partir de ahora.
3. Márcate fechas y divide cada cosa en una secuencia de pasos que necesitas hacer para lograrlo.
4. Utiliza el tiempo que antes destinabas a las redes a completar cada una de estas actividades.
5. Cuando sientas la tentación de regresar, pregúntate ¿para qué quiero hacerlo?
6. Felicítate por estarlo logrando, no es fácil romper un vicio y más cuando se trata de un vicio aceptado y deseado socialmente.
7. Piensa que ser diferente es algo muy bueno. En este punto, tu te estarás marcando tu propio camino y no siguiendo los pasos de nadie más así que ¡ánimo y continúa!
Espero que este escrito sirva como un primer paso para todos aquellos que aun no han tomado la decisión, yo por ahora llevo 5 años y 6 meses sin redes sociales y me siento más positiva, alegre y motivada que cuando las tenía, además el tiempo que antes destinaba a la nada, ahora lo invierto en mi y en alcanzar lo que me proponga.
Toma ahora la decisión y confía en ti, ¡lo lograrás! 😊
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